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La Mina, una finca para conocer de café y del trabajo en familia

Por: Andrea Cardona

En la vereda el reposo del municipio de Palestina, Caldas, a ocho minutos de la carretera central hay una finca llamada La Mina, un lugar para aprender y conocer de cerca el cultivo de café. Sus propietarios son Gabriel Gonzales y Lilia María García una pareja de esposos que combinaron la producción, el turismo y la preparación de café en una cocina tradicional de campo.

Hace 17 años, antes de ser propietarios eran recolectores en una zona vecina a la que hoy es su finca. Durante seis años viajaron a España para trabajar y así tener el capital necesario para invertir en la empresa familiar. En el 2006 regresaron a la región para hacer su sueño realidad, pasar de recolectores a propietarios en las cuatro cuadras de tierra que tiene La Mina y que hoy es un referente del turismo para el Eje Cafetero.

“Cuando estuve trabajando en España vi como gran cantidad de turistas llegaban a conocer muros de cemento. Todo eso es muy bonito pero en ese momento pensé en la riqueza de paisajes que hay en Colombia y por eso llegué con la idea de apostarle al turismo. Estudié turismo rural, paisaje cultural cafetero y barismo para mostrar la riqueza de mi región y de mi familia que somos hijos del campo”, comentó doña Lilia.

En la finca hay un sendero natural, hecho en guadua para recorrer los cafetales y estar en las tierras empinadas tal y como trabajan los recolectores. De esa parte se encarga don Gabriel, de mostrarles a los turistas el proceso desde la semilla, cómo se coge café, se pesa, se despulpa, se selecciona, se seca, entre otros procesos que logran conocer durante un día de recorrido.

Luego los visitantes pasan al laboratorio de doña Lilia, que es una réplica de la cocina de su mamá, para la trilla, molienda, tostión y preparación del mismo café que se produce en La Mina. “En mi laboratorio tengo fogón de leña, la máquina de moler para la trilla y molienda del café y todo lo necesario para mostrar distintas tostiones”, dijo doña Lilia.

Esas preparaciones de doña Lilia parten del trabajo de su esposo. Los bajos precios motivaron a don Gabriel a comercializar su propia marca para mejorar las ganancias. Se preparó como técnico en la calidad del café y administrador agropecuario y ahora tiene dos líneas de café de alta calidad con una tostión especial.

“El café honey se seca con la miel y eso genera que sea más dulce, parecido a la panela, que sea más ácido que el café tradicional, más suave y afrutado. Una de las cualidades de la finca es que estamos en una pendiente para que los cafetales no se inunden con la lluvia y florezcan más. Estamos en la labor de comercializar nuestra marca que ahora no se vende mucho y por eso buscamos dónde venderlo”, aseguró don Gabriel.

Otra de las actividades para realizar en esta finca es el encuentro con la naturaleza. Desde hace dos años los visitantes pueden sembrar chapolas en el lote de turistas, árboles que años después dan café. En este momento hay 340 palos sembrados y las mismas personas que los plantaron pueden regresar para recoger el café o seguir el proceso periódico por fotos. Don Gabriel se encarga de anotar los nombres de los propietarios de los árboles y de contarles cómo va el proceso.

“A las personas nunca se les olvida que hay un árbol sembrado en mi finca. Esos árboles no son míos, yo los administro y si en algún momento ellos quieren que les envíe el café de su palo, hacemos micro envíos con la tostión que solicite el turista. Sale más caro, pero es significativo”, comentó don Gabriel.

Una muestra gastronómica

Doña Lilia también se encarga de cocinar para que los turistas conozcan de la gastronomía típica. Lo que más prepara es el sancocho campesino en fogón de leña y con productos de la misma finca. En La mina hay huerta con frijol, maíz, pimentón, habichuela, pepino que se suma a la mandarina, los plátanos y otros productos. en un balcón que hay en la finca los turistas se pueden sentar a disfrutar de la taza de café o de un buen almuerzo típico.

Don Gabriel es la tercera generación de su familia que se dedica al café. Espera que sus dos hijas Karen y Gelen de 10 y 16 años en un futuro se dediquen al sector desde otro tipo de labor. Por ejemplo su hija mayor sueña con tener un spa con productos a base de café por las propiedades que tiene el grano.

“Nuestro legado mejoró. Mis padres no eran dueños, pero nosotros logramos tener un patrimonio para que ellas avancen y le den más valor al trabajo del campo. Les enseñamos a tomar café al levantarse, antes de almorzar, en la tarde y en la noche. Despertamos con la taza en la mano”, concluyó doña Lilia.

La familia Gonzales está en la construcción de una habitación para que los visitantes se puedan alojar en la finca y vivan más de cerca la experiencia del campo.