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José Alfonso Cruz, jefe de Bomberos de Mocoa. Foto. Juanita Restrepo.

El jefe de Bomberos de Mocoa no le teme a volver a empezar

Juana Alejandra Restrepo Díaz

El capitán José Alfonso Cruz, jefe de los bomberos en Mocoa, perdió su casa, pero igual dio todos sus esfuerzos el día de la avalancha en esa ciudad.

En la tarde de esta entrevista en plena plaza de la ciudad llega callado, con actitud calmada y mirada serena. Es una persona tranquila de esas que uno admira, pero que no quiere grandes protagonismos.

Desde hace 40 años trabaja como bombero voluntario. Cuando comenzó era muy joven y se dedicaba al ciclismo profesional. Se inscribió a los bomberos, sin saber que se iba a enamorar para siempre de ese oficio.

¿Qué motiva a una persona a ser bombero voluntario?

Este servicio humanitario y social lo liga tanto a uno que se deja todo lo que tiene que hacer y se dirige al llamado de la sirena. Es un sentimiento que a uno le crece con el tiempo y es muy bonito, uno se siente muy satisfecho con la ayuda a la comunidad.

Ese sentimiento que él define como una ‘satisfacción espiritual’ nunca lo ha abandonado. Ni siquiera el pasado 31 de marzo, cuando una gran tragedia asoló su amada ciudad. “Mi Mocoa señorial todos la queremos conservar siempre”, afirma.

El día de la avalancha, él y su esposa se preparaban para dormir. Empezó un torrencial aguacero, que pensaron era normal, porque en el sector donde vivían —el barrio 7 de julio— el río Mulato se crecía y en dos ocasiones se había salido por la calle porque “faltaba un muro de contención en la parte alta para detenerlo”. Sin embargo, en esa ocasión vieron que el río estaba subiendo demasiado e iba muy fuerte, porque la lluvia ya era muy intensa.

Al ver que la situación se estaba saliendo de control, el capitán le dijo a su esposa que se fueran: cogieron a su mascota, alistaron una cobija, la cama de su perro y algunas cosas en una bolsa. Se montaron a la moto y salieron de allí. Seguían viendo mucha agua y se fueron hacia la plaza con rumbo hacia la sede de los Bomberos.

Al llegar hasta un puente vieron que el río Sangoyaco estaba bastante crecido. Pasaron hacia el Colegio Pío XII y vieron otra quebrada desbordada. No pudieron seguir más allá y se devolvieron. Cogieron otra ruta, pero al ver que venía una avalancha se fueron al barrio Rumipamba, donde vive una de sus nietas.

Al regresar a su casa a la madrugada del día siguiente, para ver qué había pasado, encontró todos los muros agrietados. Días después los ingenieros comprobarían que ya era inhabitable. “Era mi único patrimonio”, dice. Eso lo supo apenas la vio, pero esa noche se dedicó a coordinar a los grupos de bomberos.

José Alfonso Cruz, jefe de Bomberos de Mocoa. Foto. Juanita Restrepo.

“Esta zona siempre tuvo esa amenaza. Hay una historia con la quebrada La Taruca, sobre sus riesgos, pero yo no creía mucho que una avalancha fuera a suceder. Después vi que era realidad. Los compañeros en la madrugada estuvieron prestando el apoyo a la gente y también se salvaron porque la avalancha casi los coge en el punto de la cárcel, entrando hacia el barrio San Miguel y afortunadamente un accidente de una señora que salía en moto los salvó cuando se bajaron a auxiliarla. En ese momento oyeron un ruido espantoso al otro lado: era la avalancha que ya venía y pudieron regresarse con el carro y las unidades”.

En Mocoa en este momento hay más de 30 bomberos voluntarios. En la madrugada comenzaron inmediatamente la labor de rescate de los cuerpos. Cruz los dirigió. Tuvieron que actuar a toda prisa con el traslado de personas heridas y de cadáveres porque existía el riesgo de la corriente se los llevara. “En ese momento la reacción a nivel local fue bastante difícil porque no teníamos suficiente personal y equipo para atender tantos llamados a la vez de todos los barrios. Fue un caos total, con situaciones muy tensas para nosotros”, afirma el capitán.

Cruz narra tales vivencias como un hecho sin mucho mérito para ellos. De alguna forma, no se percata de su propia valentía.

En su situación personal, ¿Cómo van a hacer ahora que perdieron su vivienda?

Estamos en el tema de trasladarnos a otro sitio porque la situación va a estar muy complicada en el barrio. La casa ya no reúne las condiciones de seguridad para quedarse ahí. Estamos esperando algún programa de reubicación para aplicar y que nos apoyen porque no tenemos para donde más irnos.

¿Qué espera ahora para el futuro de su ciudad?

Aquí en Mocoa tenemos una condición doble: bastante agua, la parte hídrica muy rica, pero por otra parte la amenaza. Mocoa está en un sitio donde la mayoría de barrios tienen riesgo de inundación y de avalanchas porque tenemos las montañas en la cabecera de la ciudad. No sé las autoridades que decisión tomarán porque hay sectores donde no se podrá volver a construir y desde luego que la mejor opción es reubicación: buscar otros sitios más seguros y esos sitios dejarlos como una zona verde. Debe haber un estudio profundo de la vulnerabilidad en diferentes barrios de la capital.

¿De qué manera vivió la avalancha como bombero?

A nivel de bomberos tengo una satisfacción de haber prestado este servicio voluntario a mi comunidad, eso es una satisfacción espiritual que yo tengo. Hemos salvado vidas y tenido situaciones agradables a pesar de las adversidades y vemos que la gente valora nuestro trabajo.